por Caradras el 15 Mar 2010, 17:16
22 de Enero del año 5003, Orbita de Byzantium Secundus, Nave Reina de la Nebulosa:
Jan tomó posición en uno de los catres arreglándoselas para entrar de los primeros y depositó su chaqueta de cuero cerca de su petate. -¡UNA CAMA SECA!- pensó -¡Y pensión completa! Acompañar a la iglesia es un buen método de vivir. Tienen sus cosas raras y sus misas y sus tonterías de qué dias se puede o no comer segun que cosas pero... ¡son una gran forma de vida! Ahorora empiezo a entender a ese santo mendigo que acompañaba al profeta... Hombro.. creo que se llamaba o algo así.
En cuanto el noble Decados pasó por delante de la puerta se las arregló para simular su peor tos 'borracho con tuberculosis' para que no se planteara ni por un solo momento el hecho de estarse en su mismo camarote.
Los nobles deberían de ser buena gente, por supuesto, pero no estaba dispuesto a arriesgarse, y menos con un Decados. Los Decados tienen la peor reputación entre su pueblo y conocidos son sus contundentes reprimendas.
"A esos tipos mas vale verlos de lejos"
A través de la puerta pudo divisar una melena rubia un tanto descuidada y una piel blanca con algunos moratones en a través del hueco que dejaban ambas puertas, al otro lado del corredor. Cuando uno vive en la calle aprende a ver esa clase de detalles y a distinguirlos.
La chica con esos ojos color violeta estaba replegada contra un rincón del cubículo, encima de la cama y usando brazos y piernas como escudo. El Avestita iba y venía intentando ordenar sus cosas de hacia aquí y hacia allá continuamente. Ella ni tanmsolo le miraba. Era una chica muy guapa y lo habría ido mas si no estuviera tan desaliñada.
Aun así, pese a caminar con la cabeza gacha, la espalda encorbada, ranqueando muy ligeramente de la puerna derecha y usando las ropas de raso tan típicas de los esclavos o los reclusos, porque hasta las clases mas bajas eran lo suficiente orgullosas para negarse a usar esos atuendos, la piel de la chica decía que en otro tiempo eso no había sido así.
Además una chica tan guapa no dura mucho en la calle...
Jan la contempló durante unos instantes y se apiadó de ella. Tenía aquella mirada perdida que había visto tantas veces en los campamentos de los esclavistas. ¿Qué debería tener? ¿16 años? ¿18?
Por un momento las miradas del vagabundo y de la chica se cruzaron pero ella se apresuró a esquivarle.
Jan meneó la cabeza y un recuerdo de Shaiya, la cortesana, le asaltó.
Hacía ya varios días que ella había partido de nuevo hacia Kordeth. Él habría querido estar presente en el embarque de tan singular dama para poder despedirla como ella se merecía pero la maldita inquisición le tenía que hacer un interrogatorio a esa misma hora. ¡Malditos bastardos! Ella se había ido sin que Jan se hubiera podido siquiera despedir.
Había intentado estar tanto como pudo hablando con esa hermosura de joven, recordaba su piel tostada y suave, los cabellos lisos y relucientes como una cascada de un suave color marron de los cuales conservava un pequeño mechón... su fresco y nada empalagoso perfume, sus ojos casi cristalinos de un color verde intenso.
Esa si era una mujer de esas que dejaban huella. Mirándolo de esa forma esa chica rubia de la otra habitación no le llegaba ni a la altura del tobillo.
Se tiró en la cama espachurrándose e intentando refrenar sus ansias de sacar el tarro donde guardaba el mechón de pelo marron de Shaiya.
Un muelle se le clavaba en la espalda pero.. ¿que mas daba? había dormido en sitios mucho peores.
Los otros habían dicho que se dirigían a Aylon, por lo que él sabía Aylon tenía un saludable mercado, pero eso importaba poco... Él era un Vagabundo. Se las arreglaría para sacar el mayor partido de lo que la vida le ofreciera, como había hecho siempre, como le habían enseñado a hacer.
¡Larga vida al Emperador Alexius!